11 mar 2013


Tengo frío y hambre, me duele la cabeza; mis ojos están hinchados, rojos y cansados.

Es de noche.

Una fuerza extraña me trae a este lugar de olvido y abandono, una fuerza ajena me obliga a plasmar la quietud, el asombro y la impotencia.

Me froto la cara y muerdo mis dientes mientras pienso en lo que debo terminar y recuerdo. Recuerdo el caminar hablando estúpidamente sobre estupideces, consintiéndonos mutuamente, justificando ignorancias y sapiencias.

Y, observando un evento. Mudos caminamos.

Un criminal o presunto criminal es acorralado por motorizados, resguardadores del orden, la ley y las buenas costumbres; un acorralado indefenso ante la fuerza otorgada, una potestad legítima que insulta, golpea y humilla mientras en silencio -con deseos de decir algo- caminamos en la hipocresía potencializada.

Nada legitima lo que vi, nada justifica mi pasividad.

Digo buenas noches y las luces no se apagan, pues es el momento preciso para continuar con la antigua y polvorienta tarea, tarea humanizadora, tarea domesticadora.

26 sept 2012

Ataraxia

Si hubiera un manual de cómo pasar desapercibido creo que ella sabría como realizarlo. Pero todo lo que conoce son ciertos tips que de algún modo siempre han estado a su entera disposición que forman parte de lo que es. Con todo, no puedo dejar de sentirme un semejante, lo cual hace que sienta cierta amargura por ello. Cada dificultad que ha superado de algún modo mis capacidades me ha llevado a la práctica asceta. A la pura negación de la expresión de la vida. En defensa puedo afirma que sólo en raras ocasiones ha sido por voluntad propia, las demás han sido parte del paquete.

Con todo, no son tantas las ocasiones que me han llevado a tal destino.

A veces me pregunto si hago las cosas bien, y esa duda moral me fastidia, me punsa como un constante dolor de cabeza y por más que mi filosofía pretenda conducirme en la dirección de lo amoral, no logro salir de este juego; y cuando lo logro -he aquí lo interesante- sé que lo hice mal. Esto me convierte en un ser insoportablemente moral. Y esta enfermedad se la debo a mi infancia profundamente católica. Tal vez por ello Odio el cristianismo, pues me ha arrebatado tanto de mi en comparación con lo que me ha dado.

Lamento cada mala desición que he tomado, me carcome esa culpa como pecado al Santo. Cada tras pié. Si bien, me ha servido de aprendizaje, éste se ha tatuado con tal sello que resulta dificil formar una figura nueva sin deformar la piel, una figura purificadora. No me arrepiento de nada que haya hecho, pues es ridículo arrepentirse de lo que no se puede cambiar, pero lo lamento.

Pido un sordo perdón a cada ser vivo al que he ofendido con mis actos y deseos, a mis padres, a mis hermanos, a mis amigos, a mis amantes, a mi hijo.

Hoy me siento triste.


Un amigo pronto morirá, otro está al borde, si no muere, su vida será muy dura y limitada. Una situación así hace memorar las pasadas, hace que incline mi cabeza, que aparte mis ojos del sobreabundante astro y que me fije en los detalles que no quiero pude mirar. Desearía ser imperturbable, desearía no sentir, no tomar parte de la responsabilidad moral de cada acto, de cada sentir, de cada deseo. Detesto cuando pasa eso, lo detesto desde lo más profundo de mi ser.

Un amigo se come su orgullo y llama a los suyos por afecto, tal vez muera y necesita valor (¿cuántas veces yo lo he hecho? Creo que mi orgullo es mayor -lloro en silencio-). El otro apenas y asume su situación definitiva. Nunca he podido mirar para el lado. Tengo una profunda conciencia con los míos, sus luchas son las mías, por ello sus fracasos me afectan, sus victorias me motivan. Cuán triste estuve cuando caiste. No siempre llego a tiempo para apoyar.

Este actuar que con los años y reflexiones en conjunto con otros amigos podría definir como de martir, me patenta la soledad del que carga con dicha cruz. La Soledad, el Retiro, la Meditación son elementos cruciales de este comportar. La Soledad me ha acompañado desde... la primera gran pérdida por allá en el invierno de 1995, cuando todo empezó. El sentimiento de culpa, la autoflagelación, la autocompasión. El retiro ha sido constitucional, no estoy en un lugar por muchos años, recién ahora llevo 5 años en el mismo sitio, lo cual ha permitido que me relacione de un modo más profundo con otras personas.

Sé que decir algo así es injusto, pues indudáblemente he tenido cercanía con otros, una cercanía que demuestra un alto grado de interrelación, tal que forman parte de identidad, forman parte de lo que soy. Pero ahora aquellos que otrora resignificaron mi ser están lejos, no sólo espacialemte -ojalá fuera sólo eso-, sino que no estamos conectados. La cercanía, los nexos están casi muertos, eso profundiza mi sentido de pérdida, el Retiro llegó en conjunto con su hermana Soledad.

La autocompasión es el resultado de la Meditación. La Meditación lleva a intentar justificar los hechos (meros hechos) como algo justo, podríamos decir "Divino". Esta justificación da como resultado la autonegación, y en un dejo de infantilismo nace la victimización. Es que el desprecio -a estas alturas- hacia uno mismo es tal que te quedan dos alternativas, o sufres porque estás destinado a ello y no importa lo que hagas estás condenado o le das un significado a todo ello, en este caso la idea de sacrificio se hace presente.

Sin duda toda esta verborrea es producto de un ego lastimado, de una identidad fisurada, de un abismo reluciente. Todo se simplifica si sostenemos que lo que hay es pérdida de sentido. Y todo apunta a ello.

Amo a los mío, pero ¿qué significo yo para ellos? Esta pregunta me atormenta. No soy importante, salvo a unos pocos que sí me demuestran que les importo (que los puedo contar con una sola mano, y me sobran dedos). Este sentimiento evoca otras nefastas preguntas ¿tengo amigos? ¿si muriera, quien iría por pena de mi pérdida? ¿he sido importante para alguien?

Resulta curioso que esto me moleste. Pues esto es signo de temor a lo incierto, a lo desconocido, a lo que no podemos controlar. Y lo que quiero en estos momentos es una constante, es que me digan que soy relevante, que no fui un no-lugar, un espacio de transición, algo así como un catalizador, algo que está pero luego desaparece. Yo, el jinete del caos, el admirador del cambio. En esta fría y solitaria noche tengo miedo.

Siento pena por mis amigos y por mí.

Espero que no dure mucho.

23 ago 2012


Hoy, como otro día más, desperté con dolor de cabeza - una bonita forma de saludarme la mañana - muy agotado debido al trasnoche y a cavilaciones perturbantes que asolan a un alma molesta. Desperté con el típico celo narcisista con tendencias misántropas tan comunes en aquellos que detestan su situación actual y pecan de autocompación. Y luego de varias reflexiones decidí mi actuar y mi estado de ánimo para el día. Decidí molestarme facilmente de todo cuanto me ocurriera, que no soportaría más malos tratos en el trabajo (específicamente referente a los temas de horarios y el poco respeto por los días que puedo trabajar y por los que no). Estaba, dicho en corto, agotado, severamente agotado. Y este estado mellaba mi autoestima y me hacía pensar en lo qué he perdido y en las frustraciones de mis planes a estas alturas. No podía comprender que no estuviera leyendo, o traducionedo, o tocando violín o practicando esgrima, o, y lo principal, no estar con los que amo ¿Por qué estaba en esta situación? ¿Porqué debía sostenerla? Etc..., es claro el malestar, y lo respeto, pues es sincero. En efecto, ya llevo poco menos de un año en el cual he ignorado la existencia de mi violín, cuando leo, generalmente es presuroso y sólo por alguna actividad académica no por placer, no he traducido nada  - pero nada- en casi 18 meses (creo que hasta olvidé lo que sabía), ni qué decir del esgrima, mi último intento por practicarlo fue al participar en esgrima olímpica, pero por tiempo debí abandonarlo y un compañero tiene el descaro de restregármelo impremeditadamente cada vez que puede, y yo el masoquista siempre lo animo. Pero lo más detestable es lo poco que veo a los que me importan. Ya estoy pensando mandarles fotos para que cuando me vuelvan a ver puedan reconocerme.
En definitiva, más que agotado -aunque aquella sensación plasma perfectamente el estado- estaba frustrado. Por ello me había propuesta no soportar a nadie, y mi siguiente paso sería hablar con mi jefa respecto a mi renuncia inminente.
Al llegar al trabajo, ponerme el disfraz para la ocasión, marcar tarjeta, saludar a los compañeros, realizar los preparativos para comenzar la labor y atender... ocurrió algo magnífico, mis tripas me exigieron comida. Es claro que si no desayunas ni almuerzas, para cuando seán las 16:30 el cuerpo pedirá sustento. Y es magnífico, pues lo que pide el cuerpo es precisamente lo que no podemos negar, es lo más patente, los más exigente. Así que me fui a alimentar. Disfruté remotamente el almuerzo, me vestí con mi intención afectiva y volví a atender. Qué sorpresa cuando desde mí se proyectaba exactamente lo opuesto. Si no fuera por el resfrío que me genera un aspecto lamentable de suyo, cualquiera sostendría que mi ánimo era el de los mejores, y lo peor es que me daba cuenta de ello, de hecho, era amable, muy atendo, diligente, colaborativo, educado, tolerante, ¡joder ni que postulara al mejor compañero y al empleado del mes!
Entonces, tras una jornada laboral concluida volvieron los pensamientos misántropos y autocompasivos, esos que generan deseos perversos tan comunes en mí, y más bajo ciertas circunstancias curiosamente presentes... Y volvió el astío, y el sentimiento de desprecio, y etc. No me sentía a gusto con nada. Pero tan pronto como me fastidié incluso de escucharme a mí mismo y todo ese perloteo de narcisista frustrado, me percaté de mi hartazgo y de su causa.
Soy feliz, extramente feliz. Es cierto, he dejado un montón de cosas que amo hacer por otras no tan agradables, he dejado de estar con los que considero importantes, pero ha sido inevitable. Lo cierto es que la impotencia generada por el deseo de cumplir con aquellos anelos nublaba mi horizonte. Era necesario olvidarme un poquito de mí para recordarme nuevamente. Soy feliz, a pesar de este cansancio que metralla mis párpados, este dolor físico propio del frío y el cansancio, a pesar de esta angustia por deseos inconclusos, a pesar de todo soy feliz.
Patentada esta verdad, mis intenciones no han cambiado, las decisiones que he tomado las ejecutaré, pero ya sé quien es su impulsor, su motor y alimento. Lo que ha cambiado es mi disposición afectiva, mi temple, que si bien puede ser ocasional, es fuerte. Pues lo que hago lo hago por algo mayor, y las cosas que he dejado de lado las retomaré, pues son parte de mí.
Acepto lo inevitable de mi situación, pero no soy ciego y sé que es momentánea, por ello no claudico. A estas alturas toca aprender paciencia y calma (hermanas mayores de la madurez).
Lento pero seguro, me suguiere un antiguo, así retomaré lo que inevitamente quedó al margen. Por lo pronto, esta dicha responde a la aceptación y comprensión de mi estar, pero no es la que busco ni es la que permanecerá, pues su naturaleza se lo impide. Todo cambia, eso es lo que más me gusta, y eso es lo que más me emociona. El sentimiento abrumador de lo incierto, de lo inseguro, de lo insustentable e infundable. Estos son los posibilitantes de la felicidad, todos hijos del cambio, por ello soy feliz.

16 may 2012

A estas alturas

¡Por fin lo comprendo! ¡eso explica todo! El por qué de mi hastío cada vez más seguido a la hora de enfrentarme a estas labores. Mientras leía y me sumergía, cuestión cada vez más seguida, en la tesis doctoral de Marx, lograba percibir como poco a poco acontecía mi dicha, y es que disfruto tanto la lectura y problemáticas filosóficas, pero cuando ya noté el letargo de mis parpados, recordé nefastamente aquel hecho repudiable que me atormenta ya desde tres o cuatro semanas "debo hacer trabajos". Trabajos tan simples que me averguenzo de hacerlos, pero que deben realizarse - un pequeño paso para la pedagogía - si el propósito es salir alguna vez de la calidad de estudiante pregrado.
Por fin, se me manifestó tan claramente mi rechazo absoluto hacia ésta. Esta cuestión me asombra de sobremanera, pues en tantas ocaciones me he visto ante la admiración de mis compañeros por la facilidad que tengo para ejercer dicha profesión, a pesar de mi sentimiento de abismo a la hora de enfrentarme a ésta, pero la cuestión es que en estos momentos la veo como un estorbo, una molestia, una pérdida de tiempo.
Deseo con todas mis fuerzas tener tiempo - ¡¡por favor!! Lo clamo con vehemencia - exigo tiempo para leer un artículo, un libro o un mísero paper de filosofía y no de pedagogía!!!

Si no esperas lo inesperado no lo reconocerás cuando llegue.
¿En qué se parece un murciélago a un escritorio?

Vuelve otra vez y tómame,

amada sensación retorna y tómame-

cuando la memoria del cuerpo se despierta,

y un antiguo deseo atraviesa la sangre;

cuando los labios y la piel recuerdan,

cuando las manos sienten que aún te tocan.


Vuelve otra vez y tómame en la noche,

cuando los labios y la piel recuerdan...
Kavafis.