Otra vez aquí echándole una hojeada a cosas que a nadie le importan. Sentado en una banca y, de vez en cuando, mirando por encima del libro, ya roñoso, a los paseantes y sus curiosidades para distraerme un poco de tan tediosa pero apasionada lectura.
Un día cálido y añoroso, si, añoroso; De esos que te dejan una extraña sensación, como de vidas pasadas o recuerdos ya borrados pero de alguna forma presentes en un sentimiento que promete la nostalgia de algo importante, de algo que no debí olvidar pero que no puedo recordar.
De pronto un ruido de bicicleta. Levanto la cabeza, tal vez, ocurrirá algo emocionante, tal vez un accidente que alimente mi morbosidad y me distraiga en cavilaciones sin sentido como por ejemplo: "la gente debiera de fijarse por donde camina. Las veredas son para el peatón y las pistas para ciclistas son precisamente, para ciclistas".
Pero no, nada ocurre y con ello me entrego nuevamente a una lectura que me esta dando bastantes problemas, así que comienzo de nuevo.
Me cuesta retomar la lectura. Una extraña sensación recorre mi espina dorsal, creo que lo de los ciclistas es una idea que no me pertenece, tal vez alguien ya me había dicho algo semejante. Lo ignoro y sigo mi lectura.
Otro ruido.
Un perro ladra. Me vuelvo a despegar del libro y miro. El perro solo le ladraba a otro, tal vez por territorio, de hecho es lo más probable debido a que le ladraba con rabia, con intención de pelea. Siempre me ha causado curiosidad el darme cuenta de las diversas emociones que estos mamíferos pueden llegar a transmitir con una claridad pavorosa que me vuelve conciente de lo que soy y de mi deber para con los demás.
Ya me he aburrido (ya no recuerdo cuando fue la última vez que me entretuve realmente. De pronto, casi todo lo encuentro fome, tedioso, pero no porque no me apasione lo que hago y esto es casi una paradoja, pues cuando las personas me preguntan como estoy, suelo contestar "ABURRIDO" y con ello pareciera que no disfruto lo que hago, pero eso no es cierto, lo disfruto, solo que siento que algo falta para que sea realmente divertido, pero no sé que es) así que estiro las piernas mientras recorro el parque y dejo reposar la vista en los matices de las hojas en la luminosidad del sol primaveral o en los automóviles que pasan. Veo un Volkswagen Sedán y mi pecho se infla en recuerdos sonrientes, o algo así.
Ya he estirado suficiente las piernas. Me vuelvo a sentar para terminar este libro que ya me está enrabiando.
Me sumerjo en aquella complicada y oscura lectura y por fin, luego de un tiempo indeterminado, lo he comprendido, levanto la cabeza para mirar descaradamente al sonriente y siempre sobreabundante sol y veo a lo lejos una sombra reluciente que se aleja a pasos desconcertados. Una extraña sensación estremece mi cuerpo, y mis entrañas empiezan a tronar y mi pecho se comprime en conjunto con mi garganta.
Aquella, aquella figura, aquella sombra relumbrante la conozco, pero ya hace bastante tiempo.
Por su trayectoria, sin duda pasó en frente de mí ¿me habrá visto? ¿Me habrá ignorado? ¿Desde dónde vendrá? ¿A dónde irá? ¿Le hablaré? ¿Qué hago?
De pronto olvido qué es lo que estaba haciendo tan solo 30 segundos antes. Basta una sombra para borrar todo lo que se ha avanzado.
Siento como un mar de recuerdos sumergen mi ya alterado palpitar. La respiración se vuelve dificultosa y ante tal congestión me asombro, ¿¡aún estas reacciones!?
Hace tiempo dejé de preguntarme cosas, hace tiempo dejé de hacer tantas otras. Tantas noches me juzgué en la soledad y me preguntaba cómo hubieran sido las cosas si hubiese actuado de manera distinta. Ya no importa.
Veo como se aleja y no puedo resistir la tentación de gritarle, de ver si es que me escucha.
Doy un primer grito. ¡Rayos! ¿Qué le pasó a mi voz, a dónde se fue? Me pongo de pie y lo intento de nuevo.
Ya han pasado bastantes años como para preocuparse de cosas pasadas. Ambos ya nos hemos ignorado suficiente, sin duda ya todo es terreno desierto, así que no debiera de haber problema alguno ¿cierto? Ambos ya hemos recorrido nuestros propios caminos y hemos errado bastante. ¿Quién sabe en que miras estará ahora?
Es curioso el que nos encontremos así. Por un segundo dudo de volver a gritarle, tal vez, tal vez, en verdad me vio y, no quiere verme ni hablarme. NO. ¡Sé consecuente hombre! No saques conclusiones así de la nada. Equivócate, ya lo haz hecho antes y no te ha provocado ninguna vergüenza.
Joder, deja ya de pensar en estupideces, sólo es un saludo.
Le grito, pero esta vez demasiado fuerte (¿estoy nervioso? ¿Cómo es posible?). Algunas avecillas que estaban en los árboles aledaños emprendieron retirada y las palomas solo se alejaron un poco (no deja de asombrarme que cada vez les moleste menos la presencia y comportamientos de los hombres. Y luego recuerdo las estúpidas teorías conspirativas de las palomas contra los humanos y sonrío como un idiota, mezcla de nervios y gracia). Se voltea (¡Dios! ha cambiado y crecido tanto -y me sorprendo de aquella católica expresión-, ¿Cuántas cosas me he perdido en tanto tiempo? No, no ha sido tanto tiempo, sólo me parece una eternidad). Le sonrío estúpidamente mientras me acerco y ella me regala su sonrisa protocolar.
Cuando estoy ya casi a su lado para saludarla...
De pronto estoy en la obscuridad.
Ah! tan sólo en la noche otro despertar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario