
Ciertas cosas... simplemente te persiguen, y lo hacen no como un asaltante o alguien repulsivo del cual huyes despavorido, sino que... lo hace lenta, pausadamente, demasiado sigiloso y por ello sospechoso, pero con un andar tan lento que mucho antes de que llegue, sabes quien es. Mientras más cerca está, más lo distingues, más puedes ver los detalles de su rostro, puedes ver sus arrugas su cabello grisáceo, ni corto ni largo y su sonrisa cortada por las vicisitudes de la vida, siempre con su abrigo plomo largo, viejo, pesado, que te hace pensar que este sujeto nunca se actualizó, sin duda tiene algo de anacrónico (siempre he detestado que tengamos eso en común), sus zapatos negros, sus pantalones de tela color café claro, no recuerdo ni su camisa ni su saco. No tiene un rostro severo, su andar es trémulo, tal ves por la gota, pues cojea y como dije es viejo. Tiene buen porte, no te asusta, pues lo conoces muy bien, pero no es alguien que en estos momentos (y para ser sinceros, nunca) desearías ver. Cada vez más cerca, ¡rayos! ¡si es lento! ¿Por qué no puedo salir corriendo? ¿Por qué no lo pierdo? Incluso cuando lo intento y creo que lo he aventajado por cuadras y cuadras, siempre que miro por sobre mi hombro, siempre, él aparece desde la esquina con ese mismo maldito caminar lento y cojo, mirándote con regocijo y ternura, como un maldito padre lo haría, con nostalgia, ¿Qué no entiende que no lo deseo cerca mío? ¿Qué no logra percatar mi dolor al verlo cada vez más cerca? ¿Pensará que estoy jugando al corre que te pillo?
No he parado de correr en años. Pensé que los años que nos distaban, como era un hombre ya mayor, nos habrían separado ya definitivamente debido a su abrupta muerte, que, para ser sinceros, no me hibiese molestado, pero no, no, no, no,nO, NO, NO, NO, ¡RAYOS NO! El cabrón sigue vivo y parece que los años se detuvieran en él, solo que con su andar cansino le tomó un tiempo alcanzarme.
Me mira, ya más cerca, me sonríe. Estoy tan cansado, necesito sentarme en la vereda, necesito un respiro. Miro el cielo ¿En qué momento anocheció? ¿Hace cuánto que no miro el cielo? Cuanto tiempo sin distinguir el día de la noche. Este individuo es admirable, creo que de alguna manera me quiere, pues, recuerdo cuando pasábamos tanto tiempo juntos uno del lado del otro, hablando, caminando en silencio observando el paisaje. Recuerdo incluso que un día (o noche) desperté de un terrible sueño y al levantarme del salto, él estaba ahí tomándome las manos. Eso me perturbó, pues me cobija con tanto cariño y apego, un apego indeseable, demasiado... cerca, demasiado... íntimo, y el sujeto no me agrada.
Detesto este sentimiento, se por qué lo siento, me lo merezco y, tal vez, de algún modo, lo invoqué.
Es posible que nuevamente tenga razón (como detesto tener razón en estas cosas) y la vida solo es un sufrimiento y el sentido de la vida es soportarlo...
Sin duda es una visión deprimente, sin duda es... asfixiante (sin duda, en el fondo, se que esta visión es debido a mi circunstancialidad).
Hace frío y yo no ando con tanta ropa, pero él tiene abrigo. Se detiene, pues ha visto que estoy sentado reposando, tomando aliento (creo que a estas alturas debe imaginarse que lo que siempre hago es alejarme espantósamente de él), me contempla. No lo miro, pues sé que es una forma de invitarlo a mi lado y no es, claramente, esa mi intención. Pero estoy tan cansado, que necesito reposar más de lo que pensé. Mi respirar es menos agitado, por fin puedo escuchar mi corazón y soy tan feliz, se siente tan bien (creo escuchar una vocecita en mi cabeza, no, no en mi cabeza -no estoy seguro de donde la escucho, pero se que no es del exterior, sin embargo, no es mía- que retumba en mi pecho, creí entender "me siento segur... entre tus brazos" no escuche claramente, muchas veces me pasa, y sentí latir mi corazón... thump thum, thump thum, thuM, THUMP THUM ) tan... Creo haberme sentido así antes, pero es tanto tiempo el que ha pasado que ésta es una sensación nueva. Lamentablemente mi recuerdo distorciona la comparación pasada, pero ésto se siente tan, tan nuevo, tan inmenso, tan intenso. Comienzo a sentir mi cuerpo tibio, ahora el ambiente es agradable... levanto la cabeza y el que estaba en la esquina complándome ahora esta de pie, mirándome con su torcida sonrisa. Se quita el sombrero y me dice: ¡Tanto tiempo! -con voz entrecortada- te extrañé, ¿sabes? -respira hondo, mira el paisaje, y yo lo miro con él, no me había percatado lo hermoso que era, bueno, siempre lo encontré hermoso, pero, ahora lo encuentro bellísimo (abrázame -THUMP THUM), la noche, las tímidas nubes, el trino de las aves que anuncian su retirada, la gente que pasa, la naturaleza, oh! la naturaleza.
- Contempladla -me dice- recuerdo que te gusta tanto contemplar la naturaleza.
- Más que contemplarla -le respondo- me gusta sentirla -entonces respiro y su olor me envuelve (Te quiero) me atrapa, y luego no respiro nada más que aquel exquisito olor, no quiero oler nada más, este olor es el mejor que he sentido.
De pronto mis labios se presionan, se entibiencen, se humedecen. Sorprendido por tal extraño fenómeno, me llevo la mano derecha a mi boca y con mis dedos recorro mis labios, mis ojos están abiertos a más no poder, miro a este viejo hombre y me regala una carcajada, como diciendo "que alegría aún puedes sorprenderte" y, a mí me sorprende que aún a sus años pueda reír.
- Nihil novum sub solem -me dice- pero, ¿Qué ocultas? Cuéntame. Ven, veamos la naturaleza desde esa tienda de café que rara vez visitas, pero que sé que te gusta, si, aún recuerdo lo que te gusta.
Me pilla sorprendido y me levanto mecánicamente (Bésame), me sonrojo y al levantarme mi corazón se dispara, me asusto, pero ya estaba asustado desde hace mucho.
Cruzamos la calle, esperamos que pase aquel auto, lo miro, pero sin verlo, alcanzo a ver mi figura borrosa y distorcionada en los vidrios de las ventanas, no me fijé en la figura del viejo, me la sé de memoria, no hay necesidad.
Cruzamos, me abre la puerta amablemente y me impregno del olor a café y la calidez de aquella tienda. Curioso, huele demasiado similar a aquel exquisito olor de antes (Quédate junto a mí). Tirito, tal vez, por el cambio de temperatura...
- Te cuidado -me dice- no te vayas a resfriar -solo lo miro y le sonrio. Ahora que lo pienso, nunca hablamos tanto, ciertamente, nunca necesitamos decir muchas palabras, ambos nos entendemos a la perfección.
Hacemos nuestro pedido, no suelo pedir sabores desconocidos, pero esta vez (Atrévete) lo intento. No me fijé que pidió él, pero no me extrañaría que sea lo mismo de siempre, un café negro. Tuve suerte, el sabor no solo me atravieza los sentidos, sino que además es sabroso, nuevo.
- Y ¿Qué cuentas? hace mucho que no se de ti. Dime, ¿Qué has hecho? -se quita el abrigo y veo su saco también café y su camisa blanca, era blanca.
- He corrido y ahora me he cansado.
- No te veo cansado, te veo inquieto, desde hace mucho que te veo inquieto.
- ¿En verdad crees eso? Pero, ¡¿Qué sabroso café?! ¿Cómo se llamaba el sabor? -me regala una sonrisa y me dice. -No lo sé, tú lo pediste no yo, tú lo debieras de recordar no yo, pero siempre que estás conmigo, recuerdas. Dime, ¿Por qué decidiste olvidar?
- No quiero responder eso -miro el paisaje y en la naturaleza, una placita, más bien un parque. Veo algo que llama mi atención, él se percata, sabe mis intenciones, conoce mi curiosidad.
- No te detendré, pero hace frío, lo hará, así que ponte mi abrigo. Sabes que es cálido.
Lo ignoro, salgo de la tienda y camino (¿o corro?) hacia el parque. Me siento algo pesado, me miro y tengo puesto su abrigo, no me percaté, no me lo puse estoy seguro de ello, jamás me pondría nada de él, nada. Pero en fin, hará frío.
Al menos eso dijo y él algo sabe del clima, además, es sorprendente, pero me queda bien es de mi talla, y yo que pensé que él era de talla mayor a la mía. Llegando al parque veo una figura alegre, pero con una mirada casi tan sombría como la mía, también lleva un abrigo, es café, de otoño. Antes de cruzar la calle miro hacia atrás y para mi sorpresa él sale del café y toma una dirección distinta, se despide con la mano... nunca lo había hecho, sin duda, algo planea... nunca había dejado de perseguirme, se que esta no es una tregua, algo planea...
Una brisa mueve mis cabellos, ya largo también, y recuerdo que llevo su abrigo puesto, pienso en quitármelo, pero lo cierto es que él nunca había hecho un gesto tan noble por mí, pasar frío por mí. No me lo quito. Cruzo la calle, ella me sonríe con su abrigo y, antes de decir "¡Hola!" Me sorprende diciéndome: "¿Por qué tardaste tanto? Llevo esperándote un montón" -me quedé sorprendido, no la conozco siquiera, pero ese olor... es tan familiar. Miro sus ojos negros y le digo: "Lo siento, no pensé que estarías" -lo dogo con real sorpresa. Le tomo su mano, siempre fría, se comienza a entibiar, me sonríe y me abraza.
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