7 sept 2011

¡Qué impotencia, qué rabia! ¡Qué deseos de desatar la cólera de mi cordura! ¡Son tantas las injusticias de los hombres, tantas las atrocidades que verdaderamente deseo la extinción de una especie que no es capaz de valorar nada, ni siquiera a si mismos! ¡Mientras unos desean coexistir otros se apasionan con el exprimir! ¡Qué deseos de sangre, qué fuerzas calladas! ¡El ímpetu de rasgar entrañas y estrangular a los injustos! ¡Limpiar la tierra de los egos existentes!
¡Toda causa, todo pensar, todo anhelo de cosas mejores son ideas que caen como palomas muertas! ¡Cuánta amargura, cuántas lágrimas, cuánto espanto y dolor infringido!
¡Deseo la muerte a esos, a esos mal nacidos! ¡No todos escuchan con el espíritu, muchos menos actúan desde el corazón!
¡Me duele el insondable abismo del alma. El infinito existir sintiente!
¡Deseos de aplastar, de ser martillo, de escupir e insultar! ¡Deseos de hacer hacer lo correcto, deseos de tiranía, deseos de dominio encauzado, de sinceridad  sin pudor! ¡Deseos desesperados de un Noé!
¡Deseos! ¡Malditos deseos de hacer retumbar el suelo bajo tus pies! ¡De hacerte escupir tu sangre y escupir tu bilis!
¡Desgraciados!

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Si no esperas lo inesperado no lo reconocerás cuando llegue.
¿En qué se parece un murciélago a un escritorio?

Vuelve otra vez y tómame,

amada sensación retorna y tómame-

cuando la memoria del cuerpo se despierta,

y un antiguo deseo atraviesa la sangre;

cuando los labios y la piel recuerdan,

cuando las manos sienten que aún te tocan.


Vuelve otra vez y tómame en la noche,

cuando los labios y la piel recuerdan...
Kavafis.