Hoy casi canto ante el sueño realizado. Sin duda no sería un canto alegre, sería un requiem y no sería yo quien lo cante, bueno, quien lo termine de cantar.
Hoy ha sido un día del descuido, de la desatención y de errores gratuitos. Nada grave como de costumbre, pero siempre sobrevalorando las cosas, como siempre, para hacernos interesantes.
Intento recordar cual fue el causal de tal desastre de circunstancias y, el inevitable desconsuelo me reclama la ignorancia natural en aquella estéril búsqueda. Fue una pésima idea trasnochar, eso gatilló que me quedará dormido y llegara tarde, corriendo. Pero desperté, y no de la mejor manera, no con la mejor noticia. La fatalidad nuevamente me saludaba, pero sólo era un saludo. No hay nada peor que despertar con miedos, con la realidad de que el momento, como muchas otras cosas, no nos pertenece, sólo comparecemos ante él. Un despertar horroroso, de esos que te crispan como un gato. Un balde de agua fría.
Una llamada para tranquilizarme, para calmar y calmarme, un llamado de atención. Nadie es tan lúcido al despertar, menos yo. Desperté y fuí el auriga del sueño. Cruce calles y rara vez miré a los lados, mala señal, una premonición clandestina. Generalmente mi instinto alerta de peligros venideros, pero no con esos corseles como guía. Casí!! fue la palabra del momento, el alertar de un corazón leso. Pasaron las clases y otro mensaje deja patente las preocupaciones y el importunio resultante, pero todo comprensible. Nuevamente, nada grave, pero todo grave. Llamadas calmadoras, llamadas que calman y desean ser calmadas. Luego, una llamada de atención. Una alerta y una pre-visión.
Más tarde un despertar, me encantaría decir "de nirvana" o almenos de Mâyâ, pero no. un despertar en el más sombrío darse cuenta (mente). Todo relación todo concordancia, sospechózamente concordante, como si las piezas se acomodasen, Lupe me besaba.
Luego, una jugada osada, un acertijo, una búsqueda de emoción, para encubrir la confusión. Un tragar, un correr un retirar fallido, un correr y otro retirar fallido- la naturaleza en su sabiduría alertaba sordamente- un hospital, un Alastor mensajero, un anunciador. Una negación. Un papelito con unos numerillos y otro caminar, otro correr, otro cruzar a ciegas en el risonante lastimar de tímpanos por martillos; Un sol sediento y sudoroso, un levantar de dedos, unos cambios y un asiento. Un descuido y un caminar extra en aquel viaje que conduciría al desconcierto-por-dos. Llegado a destino las cosas parecen distintas, cambiadas de lugar ¿quien puede entender semejante caos? Parece el edificio de la locura.
No más llamadas, no más calmas ni calmados, sólo la intriga y las entrañas.
Unas conversaciones presuradas, una salida apresurada. Un desear inoportuno e inesperado que no se presenta. Otro levantar de dedos y esta vez un no descuido al salir.
Un caminar pesado, como una mochila metafórica. Sin martillos retumbantes que destrosan los tímpanos, un cruzar de calles semaforeadas, el verde símbolo de la naturaleza arrasada. Un levantar la frente y visualizar lo esperado, un paso al frente y un saltar hacia atrás!!! Un corazón desparramado y buscado por el suelo!! Un recordar una primera muerte, falsa muerte, para ver otra, falsa otra.
Y un recordar y rememorar. Asuntos pendientes...
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