26 feb 2011

Y al final...

No son los sueños rotos, ni las promesas cargadas de sentimientos desesperados los que alimentan nuestras alegrías en las noches finales. Cuando todo llega a su fin, cuando las cosas adquieren un matiz único, cuando vemos el último ocaso de nuestra existencia; es entonces cuando nos preguntamos de una manera completamente distinta los eventos que conforman nuestras vivencias. Entonces nos damos cuenta de las posibilidades que dejamos como meras posibilidades. Es entonces cuando nos percatamos de lo que perdimos verdaderamente, pero ya estamos demasiado lejos de poder revertir cualquier situación, demasiado tarde como para disgustarnos demasiado. Es entonces cuando deseamos ser felices y morir tranquilos, morir con la conciencia clara, limpia, sin remordimientos y queriendo morir en paz, logramos alcanzar aquello que durante toda nuestra vida deseamos, estar en comunión con nosotros mismos.

La muerte, misteriosa seducción para los pensadores noctámbulos.

No estoy dispuesto a llegar a aquellas instancias para reflexionar sobre mi propia existencia y las cosas que perdí o pude vivir, todo por no tener la fuerza y el coraje suficiente para enfrentarlas y afrontar las cosas. No, no soy un cobarde ni un miedoso, el miedo y la oscuridad ya no me paralizan, la cobardía aún me abruma, pero sólo en la soledad, mas no me paraliza por mucho, aún me falta para vivir en comunión, pero doy todo, todo por lo que amo y soy capaz de más. No tengo límites para amar lo que amo, sin importar la reciprocidad. NO TODOS DESEAN SER AMADOS. No todos desean el afecto que se les está dispuesto a entregar, precioso don que sólo nosotros podemos otorgar, ni de un ni otro modo. la confusión, el miedo y las elecciones. Cada cual escoge como vivir, cada cual toma las decisiones que erigirán los cimientos de su dicha, de su historia, de la gran aventura que es la vida. Única vida, única existencia.

...al final, deseamos la felicidad y morir con ella.
...al final, deseo que seas feliz, y mueras feliz, porque te amo.

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Si no esperas lo inesperado no lo reconocerás cuando llegue.
¿En qué se parece un murciélago a un escritorio?

Vuelve otra vez y tómame,

amada sensación retorna y tómame-

cuando la memoria del cuerpo se despierta,

y un antiguo deseo atraviesa la sangre;

cuando los labios y la piel recuerdan,

cuando las manos sienten que aún te tocan.


Vuelve otra vez y tómame en la noche,

cuando los labios y la piel recuerdan...
Kavafis.