25 sept 2010

Arcadia I

Solo un día normal, como todos; con un amanecer del sol del Este, un circunscribir pasajero y tedioso, rutinario, que debe ser ejecutado inevitablemente todos los días y finalmente, un atardecer, pero, un atardecer que no recuerdo.

Día tres.

Estar sentado mirando por la ventana de un lugar desconocido. Sentirse extraño, como en un lugar que nunca se ha visto, lo cual no resulta para nada desconcertante luego de realizar una mirada más juiciosa en rededor.
Estar sentado, mas bien, postrado en una silla de ruedas (¿por qué estoy en una silla de ruedas?), mirando por una ventana protegida por fuertes barrotes y rejilla metálica, mirando a través de esta acorazada ventana el atardecer sin entender cómo y por qué se está en un sitio así.
Al alejar la vista el panorama no mejora, pues el estar rodeado de gente tan enferma sin duda distorsiona la realidad acostumbrada y nuevamente emerge una sensación ya no solo de extrañeza sino de terror, pánico, un miedo pavoroso a lo que no deseamos aceptar incluso si nuestros sentidos nos corroboran tal información.

Despertar luego de un atardecer que no llegó, sólo para presenciar otro que ¿quién sabe cantos días después se presencia? y, todo para darse cuenta de tal espanto de realidad.

Mirar en rededor y ver sólo a personas enfermas, todos con batas blancas, algunos postrados en una silla de ruedas como yo, y otros de pie inmersos en ¿quién sabe que fantasía? oh cuán alejados de toda realidad, puedo divisar a una chica exhibicionista que se levanta su bata para mostrar que no tiene nada debajo, puedo ver a otro que mira fijamente la pared y con ello me recuerda que existe un pueblo entero que hace exactamente lo mismo (pero, el contexto es otro). El panorama del lugar no es nada alentador.

Veo quienes son los que están postrados como yo y son individuos que no se mueven, parecen vegetales, están completamente idos, pero de alguna manera se mantienen aquí, pero muy distanciados de este mundo, poseen una mirada profunda, profundísima, una mirada de realidades más allá de las concebidas por cualquier otro ser humano. No, ellos ya no pueden ser considerados seres humanos.

Me paso horas forzando a mi mente para recordar que es lo que pasó, y lo logro.

Día uno: Todo parece lo mismo, un día normal, un amanecer desde el Este, desde las cordilleras, una rutinaria trayectoria lenta y fatigosa que el sol dibuja en la anchura del azulado cielo y, un atardecer que no recordaba...
Un deseo incontrolable de emancipación, de purificación, lleva a una persona a despojarse de todo aquello que le aprese. Sin duda, no es normal ver a un individuo caminar desnudo en plena plaza de armas. Sin duda este acto altera al individuo y a su representante homónimo sociedad. Sin duda lo que se sale de las cabales de la individualidad paradigmáticamente bien establecida, atenta contra el individuo colectivo sociedad y éste en un intento de salvaguardarse elimina o aleja a este desconocido que insiste en oponerse a su establecida individualidad. Y para ello existe un lugar determinado, un lugar para albergar a esta clase de criaturas insurrectas.

Tras ser examinado se encuentran ciertas anomalías en su sistema y en su corteza cerebral, nada serio, nada preocupante; se le viste al sujeto, se le alimenta, y se le da un coctel de pastillas, luego el sueño.

Día dos: Tras despertar en una cama desconocida su mente viaja a la deriva de lo desconocido, sin duda había disfrutado el llevar su mente a los más recónditos extremos, pero nunca los había cruzado, nunca había ido más allá del límite permitido por su sano juicio, pero, ¿acaso había alguna fuerza que le impidiera realizarlo esta vez? ¿Acaso importaba si los cruzaba?

Examinó precavidamente todos sus pensamientos y halló lo que buscaba, la llave a lo indiscernible.

Rebuscó en sus recuerdos y juntó todo lo deseado. Creó un mundo donde colindaban todos sus bellos recuerdos y se rodeo de aquellas personas que tanto amaba, se esforzó en alcanzar los bellos momentos y los hizo revivir en un mundo que se basa en las mismas leyes de la realidad, buscó lo más semejante, pero donde si bien, también, habían problemas, siempre habían finales felices. Creó una historia sobrecogedora, y encontró su felicidad, su paz, su libertad. Toda una vida de esfuerzo, toda una vida de dolor para recién darse cuenta que la llave a su felicidad siempre estuvo en él. Ésta es la recompensa de tanto esfuerzo y sufrimiento.
Halló su tesoro, un mundo de paz de reconfortación, un mundo de magia y aventura, un mundo de felicidad eterna, de felicidad humana.

Se encuentra en las puertas de Arcadia, las puertas del sueño, allá donde siempre estuvo su dicha, lo tan preciado y añorado. Allá, aquel sitio que siempre albergó su más preciado sueño, estar con los que ama, estar con. Allá, el lugar que se le prohibía, el único lugar en el que deseaba estar pero, que la naturaleza le impidió con toda su fuerza creadora-destructiva. La llave, la llave para abrir esas puertas siempre estuvieron en sí.

Ya está listo para cruzar, y se detiene un instante, no para dudar, sino para contemplar la dicha del descubrimiento. Cruza sin mirar atrás.

Día tres: Tras mirar en rededor, buscando un significado a lo que sucedía en tan particular situación, surge el esfuerzo por recordar, el esfuerzo de volver en sí y sentirse propio de sí mismo. Y recuerda. En aquel preciso instante ve a un uniformado que parece ser uno de los que cuida el lugar.

Ya recuerdo, he vuelto en mí, no quiero esto para mí, no quiero. Quiero sentir una vez más, quiero vivir una vez más. Le diré que estoy sano, que me voy de este sitio que corrompe mi sentir. Me levanto, pero mi cuerpo está tan pesado, cargado de recuerdos y de dolores, algunos ya olvidaos, otros latentes, otros tatuados. El mundo que me vio caminar es un mundo de espanto y dolor sin descanso.
Él me ve y sonríe, de seguro ha pensado "despertó".

¿Acaso hay algo mejor? ¿Acaso me espera algo mejor? He perdido aquello que me hacía digno, aquello por lo cual viviría o moriría, mi más preciado tesoro, mi más deseado tesoro. Allá afuera, no me espera la dignidad, allá afuera no hay ninguna vida que pueda ser llamada digna de vivir. En cambio, en mí reside mi felicidad, en mí está la llave, sólo de mí depende.

Miro por la ventana al sol rojizo alejarse por última vez.
El sujeto está a mi lado y me dice "hola ¿cómo te sientes?" y yo me siento y respondo: "Adiós".

1 comentario:

  1. let's go to Arcadia!!! donde puedes ser lolita y la gente no te critica por las orgías públicas

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Si no esperas lo inesperado no lo reconocerás cuando llegue.
¿En qué se parece un murciélago a un escritorio?

Vuelve otra vez y tómame,

amada sensación retorna y tómame-

cuando la memoria del cuerpo se despierta,

y un antiguo deseo atraviesa la sangre;

cuando los labios y la piel recuerdan,

cuando las manos sienten que aún te tocan.


Vuelve otra vez y tómame en la noche,

cuando los labios y la piel recuerdan...
Kavafis.