En este día me ha sido otorgado un Cielo en un principio sin estrellas, solo la estrella más fulminante me regalaba un saludo a eones de años luz, Sirio. Mucho antes de nosotros y que se seguirá proyectando más allá de nosotros. Luego, como luciérnagas, el Cielo se teñía de otros destellos que me saludan en esta fría noche sin nuves, ante ellas me incliné en señal de respeto, ante un saludo que será duradero, más que mi propia vida. Pero el momento más hermoso es al ver, desde la cordillera emerger, una Luna carmesí, redonda como la Vida, reluciente en el Antiguo Cielo me sonreía. La saludaba mientras caminaba y el Viento me regalaba su frescura estremesedora.
En mi camino contemplaba y soñaba, mientras entre los árboles aparecía y me coqueteaba toda perfecta, blanca como ella misma, enorme me sonreía, y lo sigue haciendo. Más tarde, cuando el viento marino caliente mi interior con su gélido regalo, veré sumergirse en el ancho y antiguo Océano a aquella que me ha regalado su belleza este día.
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